Percepción y experiencia estética
Rayen Cariman Fuenzalida, College de Artes y
Humanidades, 2012
“Cada lágrima es una gotita de cariño que baja por
nuestras mejillas”
26.06.2011, cementerio de San Fernando.
Como si hubiera sido ayer,
pero no, va un año y casi dos meses[1].
Mis primos lloraban, mis tíos lloraban, mis hermanos lloraban, mi mamá lloraba.
Yo lloraba[2].
Estábamos todos y más, cada uno viviéndolo de manera distinta, solo nuestras
lágrimas eran colectivas[3].
Estaba inmersa en mí misma, como congelada, como viendo todo desde fuera de mi
cuerpo[4].
Todos rodeaban el ataúd, todos lo querían tocar, ninguno quería dejarlo ir. Yo
no era la excepción, contemplaba a dos metros de distancia, no quería
interrumpir, no quería obstaculizar, sin embargo también quería tocar[5].
No quise ser egoísta e ir a interrumpir a mi abuelita y tíos, hasta que una voz
dijo: “¡La Rayen!, dejen pasar a la Rayen”, me abrieron el paso y, por última
vez, pude tocar el vidrio. Mientras mi mano acariciaba aquel vidrio lleno de
lágrimas, donde abajo se podía ver el rostro de mi abuelito por última vez –físicamente-,
pensaba en que fui su única reina por doce años, en que fui su mujercita
regalona, en que ninguno de nosotros era más o menos importantes, todos necesitábamos
ese espacio para estar con Él, ninguno quería dejar su cuerpo dentro del nicho,
todos queríamos tocar, y, por último, recordaba en que fui yo quien le puse ese
apodo… a mi querido abuelito[6]. Le
dije dentro de mí: “Adiós Berto, eres grande, sé que siempre estarás aquí
conmigo”… mientras metían el ataúd en ese pequeño espacio. Luego de eso,
deposite la última rosa blanca que alcanzó adentro, junto a su cuerpo.
[1] La experiencia se vuelve estética –entre otros
factores- al hacerse significativa, al ser recordada en el tiempo por alguna
razón que hizo que esa percepción calara hondo en la persona que la vive. “La
experiencia en este sentido vital se define por aquellas situaciones y
episodios que espontáneamente llamamos ; aquellas
cosas de las que decimos al recordarlas <ésa fue una experiencia> (…) Se conserva como un recuerdo
perdurable” (Dewey, John. 2008, El arte como experiencia).
[2] Este llanto no era precisamente de alegría o
algo que emocionara por su belleza, más bien era de profunda tristeza y aun así
una sensación de esta naturaleza también puede ser estético. “Cuando nosotros
hablamos de una experiencia estética no estamos hablando necesariamente de una experiencia de arte o belleza” (Mitias,
Michael. 1986, Possibility of the Aesthetic Experience). O también podemos
tomarlos como un “cambio de signo” de lo feo a lo bello: “La transfiguración
estética nos permite comprender que todo puede adquirir una dimensión estética,
en determinadas circunstancias. Basta que lo sensible y lo espiritual se
integren simbólicamente, para que surja una transfiguración, una sublimación.
Lo sensible se llena de espiritualidad, al mismo tiempo que lo espiritual se hace
sensible” (Ivelic, Radoslav. 1997, Fundamentos para una comprensión de las
artes).
[3] Para que se haya formado la experiencia, es necesario
estar en una actitud estética, como vemos en este caso, el ambiente condicionó
estar más atento a un punto de concentración, el que posteriormente hizo que
los sentidos se agudizaran. "Tenemos una
experiencia cuando el material experimentado sigue un curso hasta su
cumplimiento (…) Tal experiencia es un todo y lleva con ella su propia cualidad
individualizadora y de autosuficiencia” (Dewey, John. 2008, El arte como
experiencia). Es como si algo más allá de nosotros mismos nos hiciera hacer una
conexión especial y nos invita a percibir algo solo por percibir, esto quiere
decir que la ocasión nació sin ser buscada, sin buscarle un sentido, sin un fin
posterior en particular; “Para contemplarlo así [estéticamente] hay que
, no con alguna otra intención. Hay que
saborear la experiencia de contemplar el paisaje mismo, haciendo hincapié en
sus detalles perceptivos, en vez de utilizar el objeto percibido como medio
para algún otro fin” (Beardsley,M y Hospers, H. 1978, Estética).
[4] Al poner tanta atención a mis propias sensaciones
desfiguro el tiempo cronológico al que estamos acostumbrados y un solo segundo
puede parecerme como horas. También se reconoce al perder la noción de las
cosas que ocurren a mí alrededor: “La experiencia de instantaneidad del tiempo, el carácter súbito y
momentáneo de la experiencia de la belleza (en cuanto supresión del tiempo en
el tiempo), no implica que el hombre pierda (en el juego) la conciencia de su
ser (…), sino que el don del momento, que realiza la libertad del hombre en el
tiempo, le hace recordar su carácter esencial, alcanzar una intuición completa
de su humanidad” (La estética del juego. Espacio y tiempo).Es como
transportarse a otro mundo donde no rigen las leyes de tiempo y espacio tal
como las conocemos: "La tesis de Kant
es que el espacio y el tiempo no se encuentran en el mundo de las cosas-en-sí,
sino que forman parte de nuestro aparato de cognición. El espacio y el tiempo
son formas de percepción. El espacio nos permite la intuición del mundo
exterior, mientras que el tiempo nos permite ordenar el mundo interior de
nuestros pensamientos” (Hacyan, Shahen. 2001, Espacio, tiempo y realidad).
[5] El hecho de no querer que se vaya y tocar es una
actitud de “prendamiento”. Quiero quedarme con el momento, no quiero olvidarlo
y busco una manera de recordarlo. “El sujeto se acopla a una realidad, en un
acto que sin serlo – necesariamente- se vincula con la carga emotiva,
sensorial, erógena, del encuentro intersubjetivo” (Droguett, Rosa. 2009,
Fundamentos para la comprensión de las artes).
[6] En este punto, donde el tiempo sigue siendo
relativo, como un segundo en el que se recuerdan muchos momentos, vemos que no
hay un análisis racional de la situación, más bien son recuerdos de nuestras
propias percepciones anteriores. “La percepción remplaza al reconocimiento. Es un hecho
de actividad reconstructiva, y la conciencia se hace fresa y viva. Este acto de ver implica la cooperación
de los elementos motores, aun cuando permanezcan implícitos o no se hagan
patentes” (Dewey, John. 2008, El arte como experiencia).

