De mi mirada a tus ojos


A modo de manifiesto. Desde mis ojos.

Me rehúso a que conocerte sea un hecho insignificante; como esos momentos de la historia que se quedan sin siquiera ser un punto en una línea temporal.

Me rehúso a recordarte sin cariño, sin sentimientos y, aún menos, a recordarte sin reír.

Me rehúso a olvidar tu luz. Esos ojitos brillantes, que incluso en nuestra última noche me devoraban con su atenta mirada.

Elijo quedarme con los buenos recuerdos, hermoso, esos que hacen que mi piel vuelva a estremecerse.

Elijo quedarme con ese ser que llegaba corriendo, que se interesaba, que disfrutaba.

Elijo quedarme con tu respeto; tu respeto al planeta, a sus animales, a su gente. Con ese hermoso ser que escucha atento, que hace preguntas retoricas solo para que su voz no importe, que dice que volverá y vuelve. Y, en esto quiero ser enfática, elijo quedarme cuando me hacías sentirme respetada también, cuidada y querida.

Elijo quedarme con tu seducción. Esa que no hace distinción entre seres. Que cautiva a cada perrito –o casi a todos–. Que impulsa la imaginación de cada niño a quien le responde jugando. Aquella que cautiva a las señoras, a las muchachas guapas –y a las no tanto–, a cada ser masculino que retribuye ayudando amigo. Tu seducción y, nuevamente, tu mirada.

Elijo quedarme con tus risas, con tus palabras inventadas, con tu jugueteo constante. Con tu mirada deslumbrada por un nuevo paisaje, por una nueva idea, por otro lenguaje. Elijo quedarme con esa voz aterciopelada que un día me acarició. Con esa vocecita que se quebraba con risitas nerviosas en ciertos instantes.

Elijo quedarme con ese cuerpo que me acogía, con esa piel que se moldeaba como el más rico asiento de primera clase, como la cama más cálida, como la piel más radiante. Con tus manos y sus caricias, con sus masajes, incluso con tu gesto de corregir mi postura.

Elijo quedarme, hermoso, con tu sinceridad, con esa que a veces lástima, pero sé que es verdadera. Elijo quedarme con nuestras charlas sinceras, sin ataduras, sin velos, sin máscaras. Con las alusiones a tu pasado, con lo que sientes cuando te molesta algo. Elijo quedarme con tus manos tomando mi rostro de noche, junto al lago, y sentir la vibración de un verdadero te quiero, aunque fuera efímero y durara solo ese instante.

Elijo quedarme con tu locura, y con el tono de tu voz diciendo “locura”.

Elijo quedarme, con ese ser que no se esconde y que es, que simplemente es en una acción.

Elijo quedarme, mi guapo amor de verano, con tus pómulos, con tu sonrisa, con tus ojitos y, como no, con tu respiración sobre mi piel. Elijo quedarme hermoso, con las huellas de tu luz sobre mi piel y, más allá de ella también.
Hoy es 30.
Ayer, 29, sonreí un instante hasta que...
Era un extraño con una camisa igual a la tuya. Una que nunca alcance a tocar. Ayer era 29 y vi a un extraño con esa camisa que solo veo en fotografías. Y no lo sé, quería tocar su textura, observaba sus botones, sus colores... Creí que era una extraña casualidad y sonreí. Hasta extrañarte. Hasta anhelar querer tenerte frente mío y solo abrazarte. De tal manera en que pudiera sentir como tu corazón late dos veces con respecto al mío, porque sí, cada vez que me apoyaba en ti y lo sentía, iba al doble de la velocidad que lo hacía el mío. Quise abrazarte. Quizás el extraño pensó que me había interesado, aunque si tenía algo afinada su intuición, debe haber percibido como mis ojos empezaban a  humedecerte. Quise abrazarte! Y ya no, ya no estás. Nunca pude contarte el descubrimiento de que ibas al doble de mi velocidad, que incluso cuando dormía en tus brazos y tú, descansando, seguías con tu ritmo al doble del mío. Nunca alcance a contarte tantas cosas. A veces me observo hablándote en mis pensamientos, en mis sueños... Sobretodo en mis sueños. Aún te digo cariño, cariño. Tantas cosas que nos faltaron por compartir. ¿Sabes? A veces pienso que nuestro problema fue que no nos alcanzamos a conocer tan bien, sin embargo, todo mi ser dice que no habría sido distinto, lo que yo sentía como tu esencia no cambiaría. Otras cosas pueden cambiar, lo fundamental no. Creo mas bien, que perdimos una oportunidad para seguir contándonos hechos, anécdotas, pensamientos. De todas maneras, habrías seguido latiendo al doble de mi ritmo. Quiero abrazarte.
Te adoro, cariño. Feliz 30. Feliz 29.