Me quedo en el pasado. No sé avanzar cuando nuestros planes no se cumplieron. Pienso en lo que estaríamos haciendo ahora. Pienso en las cosas que habías propuesto para este tiempo.
Me quedo en el pasado de tu voz. Me quedo en el pasado de tus frases. Me quedo en el pasado de cada palabra. Me quedo en el pasado de las fechas –que podrían ser nuestras futuras celebraciones–. Me quedo en el pasado de tus caricias, en el pasado de tus labios, en el pasado de tus manos. Me quedo en el pasado de tu risa, de esa espontánea que nacía de vez en cuando. Esa que te elevaba a otra dimensión, cuando cerrabas tus ojos y solo disfrutabas de ella, cuando dejabas de pensar –por un momento– en lo que se vería, en lo que mostrarías.
Me quedo en el pasado de tus promesas, me quedo en el pasado de tus cuidados, me quedo en el pasado de nuestra historia... me quedo en el pasado.

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