¿No encuentras que la noche está fría? Quisiera acurrucarme en unos brazos o al menos poder dedicar un te quiero susurrado a través del teléfono. A veces sientes como si algo faltara, lo sientes contigo, imaginas, ves y luego desvanece. Miras fotos y más recuerdos llegan, o estas en un lugar, o la fecha y la hora, y otras veces sientes que no aprovechaste, que todas esas veces que estuviste cerca no fueron disfrutadas y crees que la culpa es tuya. Piensas en como olvidar y encuentras una salida, podrías buscar todo lo malo, podrías creer que te hizo daño, sin embargo no fue así, o tu mente ya hizo un balance y se dio cuenta que eran muchos más los momentos de cuento que los malos.
No sabes que hacer, no sabes que decir, crees que su voz te tranquilizará, pero buscas escuchar lo que tu quieres y esa persona no te lo da. Y luego piensas que quizás fue peor, pero al menos escuchaste y en los momentos en que la línea te respondía un tut, tut esperando a que presione el botón de recibir la llamada, tú estomago se revolvía, reías solo de pensar que dirías. Pero luego una sensación desagradable te consume. Y vuelves a rememorar “nunca diré lo que quieres escuchar”, y no corre solo a eso que querías, si no a todo lo que lo rodea.
Es tarde, piensas en escribir, no quieres dejarlo pero no quieres decir mucho más, estos desahogos son a medias, y temes por ir debajo de tus sábanas porque sabes que aparecerá en tus sueños, sea de la forma que sea, en uno o en todos, unos segundos o algunos minutos, como principal o secundario, pero siempre está presente y ya no sabes como reprimirlo. No sabes si algún día se irá. 







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