Se suponía que deberías haber sido tu quien lo olvidara, de hecho quería recordártelo, quería hacerlo tanto como no quería. Ni si quiera tenía valor de mirarte, no dolía hasta que la distancia se hacia eterna… Y desde el otro lado de la sala te observaba, solo, quedaste solo, y creía que no podía aguantarme las ganas de ir contigo, pese a todo, un abrazo, solo uno más. Y el tiempo pasaba tan lejos con la distancia entre nosotros que era como una herida lenta y dolorosa. ¿Por qué?. Y hice tanto tiempo como pude para irme y tu, también, dime por qué si generalmente te retiras de los primeros, ibas de aquí a allá Y te tenía presente a cada segundo, a cada milésima. Te quiero. Iba al baño y recordaba cuantas veces hablamos ahí, en ese pasillo, recuerdas que cuando te conocí, en segundo, cada vez que iba al baño te encontraba y siempre te saludaba en ese pasillo, que mojabas tu cara y tus manos y cuando me veías me mojabas mis mejillas, que saliendo de ese pasillo me diste mi gran regalo de cumpleaños en tercero, un abrazo, un abrazo envuelto en papel de regalo, y hay que parar de recordar. Y volvía, cuando desprevenidamente me diste un beso de despedida, sin embargo no te ibas y me hablabas, que si ya estoy matriculada, te lo he dicho mil veces, sí, que tu no vas a entrar, me lo imaginaba, ¿cuál es la idea de decirme cuando me veo bonita o lo que sea en esos instantes, cuando más quiero que esto se detenga?, ¿por qué? Y mas aún, lo repites – sinceramente muy bonita – no es necesario. Y aquí llegamos al punto, te pregunte luego de mucho pensarlo días atrás… -¿recuerdas lo que prometimos? -, -sí, no sé por qué te estoy hablando ahora – y tu voz con un tono de melancolía me hacia pensar tantas cosas más, no quería dejarte, pero estaba con una coraza impenetrable que robaba los sentimientos, los actos, mis impulsos… - chao – con un abrazo aún peor a cuando lo intentaba y me decías suéltame, tan amargo, tan amargo y creo que cuando quisiste abrazarme fui yo la que cambio los papeles y resulto tan fría como tú lo hacías, y para rematar aún mejor te diste un abrazo con mi padre más grande del que podría haberte dado yo. Nos despedimos, sin embargo íbamos a escasos metros caminando, y cada vez que mirabas hacia atrás, tu mirada clavaba en mi alma… y quizás esa también fue la última vez…
Cuál es la idea de ser tan masoquista. Sueño contigo y parece ser que día y noche. Cada vez, a cada lugar que voy algo tiene, un no sé que a tí. Un aroma distinto que hace rememorarte. Un color que dentro de mi pupila cree que es tuyo. Un sabor entre dulce y amargo. Y quiero que esto dure poco. ¿Recibiste mi mensaje? Cómo saberlo.
Te Quiero. Te Quiero. Te quiero >.<
Y sabes que más, mi almohada cada noche queda empapada de lágrimas que se dejan caer libremente y que aún así se siente un nuevo en la garganta cada día, cada noche a cada hora en que estas presente.
Estúpida… para qué? Ya, espero sea la última, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? Y mas porquéces, pero bueno, ya no se puede más, por qué yo respondo sinceramente tus preguntas y tu solo dices No, no te voy a responder. Yo solo quería cerrar el tema, quería quedarme tranquila. Tranquila…
Y de nuevo, ¿con o sin admisión?
Pequenia Lotte.


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