El homo aestheticus… recogiendo los pasos
Efímera
Rayen Cariman Fuenzalida, College de Artes y Humanidades, 2012
Flor[1],
dulce, pura
y blanca
que
naces en          medio
de espinas,            tan frágil[2].
Con solo       tocar tu
lugar de
nacimiento
podrías morir.
Y parece que
es así:

En
Un
Día
Naces
Y
Mueres[3].
Aunque
Para
Eres
Infinita. Pequeño rayo de belleza[4].




[1] Una flor puede ser un pequeño detalle, hay una conexión con el entorno que nos toma nuestra atención estética, conciencia del aquí y el ahora: “el hombre estético se despliega desde una integralidad en que participan todos los sentidos y facultades en la busca de un sentido” (Sepúlveda, Fidel. Materiales para una estética del entorno). Aquí está nuestro caminar descalzos, sintiendo la vida, volviendo a captar nuestra capacidad de asombro que es el primer paso para encontrarnos con el homo aestheticus.
[2] En la creación de este caligrama, se puede apreciar un carácter bifronte, se liga la forma con el contenido, siento de esta manera la forma entendida como material y el fondo de manera inmaterial, un cuerpo ligado a un espíritu que generan un todo, representando éste todo el juego del arte de vivir: ”la síntesis que une la materia y la forma, lo material y lo espiritual, lo abstracto y lo concreto vinculando extremos opuestos en una esencia unitaria e indivisible se realiza en el arte”(Arias, Genaro. Homo Aestheticus.) y este arte, es el arte vida. Esta capacidad de hacer relaciones es intrínseco al hombre, nace de su facultad simbolizadora y de esta manera puede descubrir nuevos mundos de manera que logra conectarse con su ser y encontrar un sentido a su existencia “el hombre, instalado en el mundo de la vinculación, constelacionando en su acontecer espacios y tiempos que se abren a otro mundo, expresa su acuerdo con este mundo” (Sepúlveda, Fidel. Notas para una estética del folklor) y, aún de manera más profunda lo vuelve más sensitivo: “una cosmovisión estructurada bajo el signo de la vinculación, recuperaría al hombre un modo de relación con el entorno más creativo, presencializador, dialógico, integrativo. Desde este modo de ser-estar es posible pensar, proyectar una realidad renovada de un arte con vida y de una vida con arte” (Sepúlveda, Fidel. Materiales para una estética del entorno).
[3]  Volviendo a la capacidad de vinculación, personalmente en esta frase puede encontrar una similitud a la vida del homo aestheticus, su manera de estar en el mundo puede ser tan efímera, el día de mañana podría dejar de existir, pero su paso se vuelve importante y único, como más abajo dice que es infinita. “El pueblo siempre supo, por experiencia y tradición ancestral, que mucho de lo que en su vida le toca ver, ya sea como testigo o protagonista, son proyecciones de cosas interiores que se materializan en hechos concretos” (Soublette, Gastón. Sabiduría del pueblo.)
[4] “El hombre anónimo de nuestro pueblo sabía que el vivir es un arte y que ese arte se aprende con una disposición interior de receptividad y humildad” (Soublette, Gastón. Sabiduría del pueblo) esta capacidad se ha perdido con el paso de los años, el hombre ha perdido la capacidad de asombro, la conexión con el mundo que le daba el sentido, lo que Arias denomina el “proyecto” de volver al arte de vivir que es el habitar, éste habitar es “la relación de encuentro del hombre con el mundo” (Sepúlveda, Fidel. Materiales para una estética del entorno). Para descubrir su verdadera razón de ser “es necesario cultivar una perspectiva nueva que resitúe al hombre, que lo instale en otro contexto, que redimensione su autoestimativa.” (Sepúlveda, Fidel. Materiales para una estética del entorno). 




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