Microhistoria. El cuerpo en la historia del arte. Segundo semestre 2013
“A solas con todo el mundo”
Charles Bukowski
La carne cubre el hueso
y dentro le ponen
un cerebro y
a veces un alma,
y las mujeres arrojan
jarrones contra las paredes
y los hombres beben
demasiado
y nadie encuentra al
otro
pero siguen
buscando
de cama
en cama.
la carne cubre
el hueso y la
carne busca
algo más que
carne.
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Los
Amantes, René Magritte, 1928, Óleo sobre lienzo, 54,2x73 cm.
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posibilidad:
estamos todos atrapados
por un destino
singular.
nadie encuentra jamás
al otro.
los tugurios se llenan
los vertederos se llenan
los manicomios se llenan
los hospitales se llenan
las tumbas se llenan
nada más
se llena.
Verte aquí. Frente a frente. Bajando la mirada. Ignorando tu cuerpo. Intentando sacar tu respiración, tu sangre fluyendo. Verte ahora, tan lejos, tan distante, tan en otra parte. Verte aquí y no sentirte. ¿Podría afirmar que estás sin sentirte?... ¿Podría borrar el sentimiento y cambiarlo por la emoción del instante? Así como el mundo me regala un arrebol, un día con nubes y colores penetrantes que en un solo instante desaparecen, y comprendo que no están, porque es fluir, un fluir contante. ¿Acaso los cuerpos nos retienen? ¿Son nuestro pecado o salvación?
Mi mano roza mi otra mano… la rodea, la dibuja. Una recorre, la otra siente… sentir, vivir, pensar, analizar. ¿Dónde se funde el límite?, ¿cuál es un sentir puro, cuando mi mente maneja la otra?... Tu respiración roza mi cara… Roza, roza, roza, como el vapor que sale de una taza de té. ¿Cuándo se fue?, cuando volví a estar sola con mi taza imitando tu respiración…
Por mis venas, la sangre. Por mi nariz ingresa el aire que me nutre. Por mis oídos la música. Sonidos abismantes. A veces molestos, a veces tranquilizadores, a veces neutros… el aire frío, caliente, con olores. Agradables. Desagradables. Mis manos perciben la piel, los objetos, la materialidad. Mi cuerpo siente, se re-siente. Y mi mirada, se asienta en tus ojos, en tu mirar. Mi primer cuerpo “esa cosa tan mía y, sin embargo, tan misteriosamente, y a veces, y finalmente siempre, nuestra más temible antagonista, es la más instantánea, la más constante y la más variable que pueda existir” (Valery, P., 395).
Somos cuerpo, no estamos en el cuerpo, un cuerpo finito que desea ser trascendido, que quiere comunicar, expresar. El cuerpo tiene los sentidos y se abre al mundo a través del ellos. ¡El mundo me toca y yo lo toco a él! Del sentir y del percibir descubro y me relaciono con el otro.
La mirada está perdida, el olor es difuso, ¿cómo lograr sentir la piel bajo esa capa de tela que cubre los rostros? Los Amantes de René Magritte han perdido su verdad, su conexión, sus sentidos, su corporalidad, su humanidad. Están juntos, en un beso que no siente, que se recubre, que se esconde. ¿Es el cuerpo lo que ocultamos o lo que nos da pudor va más allá, trascendiendo a la materialidad?
A través de la historia de las representaciones se ha ido viendo una tensión entre lo desnudo y lo vestido, una interacción entre la piel y la tela u otros objetos que la cubren, que la rodean. El cuerpo muestra la verdad y es la manera de conectarnos directamente con el otro, con los otros; sin embargo lo ocultamos, lo vestimos, lo cubrimos, para que no nos toquen, para que no nos vean, para que no sientan nuestra primera verdad. Esta tensión nos revela algo más: no queremos mostrarnos como somos y nos ponemos barreras. El cuerpo es la primera representación de nosotros mismos y tememos mostrarlo por completo, pero tampoco podemos hacerlo, no se puede mostrar todo, porque no nos conocemos, cada día hay algo nuevo, abismalmente desconocido.
Puede que Bukowski tenga razón y nadie encuentre al otro, que buscamos algo más que carne, pero finalmente estamos solos, porque no queremos ni podemos mostrarnos por completo, puede que la representación de Magritte no sea tan ajena a la realidad y las relaciones tengan ese velo que protege nuestra individualidad, para no quebrarnos, para resistir. Según Le Breton el cuerpo cumple el factor de individualización en la civilización, pero aún así “el hombre sólo existe por su relación con el otro” (Le Breton, D., 18)
¿Si lo intentamos?
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El artista está presente, Marina
Abramovic, 2010, Performance
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Descubre tu cabeza de los velos, sácalos y muéstrate. Mira directo a los ojos, como lo hizo Marina Abramovic en su performance en el Moma el 2010, La artista está presente, está ahí, frente a ti, con toda su corporalidad. Durante 176 horas y 30 minutos, mientras la exposición estaba abierta, la artista estuvo sentada en una silla, en silencio mirando por unos minutos a los visitantes que se sentaban frente a ella. Su mirada, su sola presencia conmovía a muchos y los hacía partícipes de la obra de arte. Dentro de ellos apareció Ulay, su ex pareja, a quién no había visto en años. Sus ojos reaccionan y no pueden contener la emoción: el cuerpo habla, a través de la mirada, penetrante, sagrada. Es un rito, estar con el otro, mirarlo de frente y percibirlo. Encontrar la verdad de Platón en la que “se considera a todo el proceso del conocimiento como un quitar velos al objeto, un despojarlo enteramente, iluminándolo en todas sus partes. Por ello se concibe al cuerpo mismo como un obstáculo, como una tumba del alma, la cual sólo cuando está desnuda (…) adquiere una completa libertad” (Perniola, M., 237), una libertar para formar lazos con el otro.
Y si te quiero abierto” – Chantal Maillard
Y si te quiero abierto
como el centro imposible de un mundo transparente,
si te quiero imposible, más allá de mis brazos
o la aurora que extiende un sueño en las tinieblas,
más abierto que el viento, más leve y más amante,
será porque mañana nos quisiera infinitos,
unidos como nieve a punto de ser agua.
Y puede que una mirada no baste, que queramos ir más adentro, más profundo, desvelando aún más el cuerpo; como dice Chantal Maillard: Y si te quiero abierto… Ingresar al tercer cuerpo –según Paul Valery–, para penetrarlo, salirme, desgarrarlo, mostrarme, encontrarlo, exponerme, exhibirlo. Quedar/ser frágil y abierto, sincero y sin velos, buscando traspasar. Llegando a los límites, la carnalidad rompiéndose, cerca de la muerte, para ingresar a la vida. Como en la obra de Mario Irarrazaval, Autosacrificado, que nos muestra al hombre abierto, frágil, descubierto, con el pecho al exterior. Con su vulnerabilidad representada por el bronce.
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Autosacrificado, Mario Irarrazaval, 1990, Escultura en bronce.
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No es necesario llegar a límites tan abismales, para el encuentro con el otro, pero es cierto que el cuerpo nos define, porque es una primera verdad, es eso, es nuestra propia conexión con los otros, con el mundo, con el cosmos.





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