Preguntas se comenzaron a articular una tras otra en mi mente. Había un vacío y un todo. En mis ojos las lágrimas brotaban una tras otra queriendo escapar, como otras veces. Todo comenzó a ser confuso y se enredaban cada uno de mis pensamientos llegando a una sola pregunta que temía lo que la respuesta podría acarrear: ¿Me conoces?

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