Y fue dentro de esos días. Cuando mi cuerpo no sentía, cuando mi alma no vivía. Cuando mi color se volvió en gris oscuro. Peor que eso era negro, un negro abominable, un negro que te tragaba, un negro que te empapaba de muerte. Quizás fue el tiempo en que más dolor tuve, quizás fue el tiempo en que más aprendí, uno de los pocos momentos, o periodo de tiempo en que mi corazón tenía que ser fuerte, en que tenía que crecer. Pucha que dolió. Sí, tu que lees, dolió y mucho.

El punto es que en ese momento de sombras, en que realmente parecía un zombie, fue un día temprano. Mientras mi papá me llevava en auto a aquel colegio, él me empezó a hablar. Como casi siempre lo hace, intentó ir con cuidado, despacio porque así podría doler menos, aunque fue lo mismo. Entre las cosas que me dijo, hay unas frases que quizás no textuales, pero su sugnificado quedó grabado en mi. Fue algo así...

Si tiene frío le consigo un abrigo de pieles que la cuide, la acurrucaré junto a mi.

Si tiene sueño intentaré que duerma lo mejor que pueda.

Si tiene hambre, podría matar para conseguirle algo.

Si realmente necesitaba algo él se esforzaría para darmelo.

Pero él se sentía impotente. Porque el dolor que yo estaba sintiendo no podía curarlo. Porque era algo contra lo que tenía que luchar sola, Que a él le daba pena verme así. Que me quería demaciado para verme sufrir.

Y cada vez que recuerdo este momento tan grabado en mí, comienzan las lágrimas a brotar...

0 comentarios: