No es que estas sonrisas sean falsas. Tampoco las ganas de leer algo nuevo. De conocer algo nuevo.
Pero, a veces veo en los ojos de alguien más un granito de lo que tus ojos me decían y, quizás por ello me cueste tanto mirar directamente, a quien le gustaría leerme a mí.
Aún tengo miedo... ¿sabes? No sé si sea capaz de volver a sentirlo con la misma intensidad, pero al menos lo intentaré.
Y tengo aún más miedo de que la próxima vez que te encuentre nuestra conversación se alargue aún más... quisiera decirte que lo siento. Perdoname. Perdonemonos desde adentro. Sanemos. Me da terror volver a sentirte, a que un abrazo pueda derrumbarme, a que me comprendas, como alguna vez casi lo hiciste.
No he vuelto a tocar a alguien, me da miedo dañarlo. Mis abrazos se volvieron fríos y resistentes. Torpes y sin ternura. Superficiales. Y es que... ¿cómo puedo sentir la conexión si se rompió algo desde adentro?
Aún tengo miedo. Pero poco a poco lo estoy haciendo a un lado.
Lo siento. Perdón. Gracias. Te Amo.


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