Es loco no?
Que ya hayan pasado tres semanas y un día, y él no está.
Ya no está su cuerpo aquí con nosotros. Aquí conmigo. No está su olor, nono, quizás si está, en la casa, en los alrededores, con su perfume, con su ropa, en sus árboles, en su terreno… Lo que no está es su respiración, los latidos de su corazón, el timbre de su voz, el sonido de sus pasos, su mirada y tantas otras cosas.
Hace algunas horas, hace minutos, hace segundos… miré y no aguante, no sé si a eso le puedo llamar lágrima, porque fue de una vez que cayó un pequeño rio entre los poros de mis mejillas, así sin parar, eran muchas juntas que salieron al instante. Y nadie lo notó, nadie. Quizás porque no miraban en esos segundos en que tardé en reaccionar y limpiar ese camino de pequeño y dulce dolor. Ese camino que apareció porque acompañé a mi papá (el que también acompañaba, o más bien llevó a unas personas) al terminal de flores que queda en Vespucio.
Recordé aquélla madrugada, a las 3:23 si mal no recuerdo, en que estábamos ahí, en ese mismo sitio comprando coronas para mi abuelito. El tiempo se hizo eterno. Creo que fue mucho, mucho el tiempo en que estuvimos detenidos, en el que mis padres escogían en el local que estaba de turno en la noche (supongo que funcionan con turnos, había uno o dos abiertos, debe ser así casi siempre) flores para mi abuelito.
No recuerdo bien cuántas llevamos, pero eran varias, y una, la más significativa que lo acompañó esos días decía: “Adiós Berto”.
Adiós mi querido Berto, adiós mi querido abuelito, te digo ahora abuelito pero creo nunca lo dije, yo te bauticé como Berto, al escuchar a muchos llamarte Humberto, - y yo, pequeñita, tenía menos de un año cuando ya me quedaba sola con ustedes - era incapaz de nombrarte así y te dije “Berto”, te gustó, porque aceptaste que te llamara así… desde ahí todos te decía así.
El otro día soñé contigo, te veía de lejos, sentado y bien, con tu chaleco entre azul y celeste, te veías tan bien, tan bien… Te quiero un montón, lo sabes.
Entre que seudo escribo hablándote a ti, Berto, y no lo hago. Igual es entretenido, te tengo más presente. De alguna manera siento que puedes leer esto, o, más bien que puedes leer mi pensamiento mientras escribo todo esto, pero cuando me pongo a pensar que puedes escuchar mis pensamientos me cohíbo a pensar. No sé cuánto tiempo durará.
No me cuesta tanto hablar de ti. Pero hay alguien que me puede hacer llorar porque si te nombro me abraza pensando en que estoy muy dolida aún. No sé si ese es el sentimiento, solo es raro y nostálgico que no estés. Igual me hicieron sentir bien sus abrazos, me sentí comprendida.
Te quiero.


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