Ya hay lágrimas derramadas, esas que nunca debieron caer. Y hoy lo entiendo más que nunca. Nunca valió la pena. Menos ahora. Menos hoy, mañana y también ayer. La vida da lecciones, sirven para aprender. Y es bueno que ese día las cosas se cortaran y no volvieras. Me molestó, me molestó mucho que te perdieras, que no regresaras, que fuera así tan drástico. Pero quizás también fue para mejor, costó, aún cuesta, porque igual hay un granito de esperanza esperando a que regreses aquí cambiado. A que vuelvas a añorarme, pero no, no lo harás.
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