19 de diciembre de 2013. 17:34.
Cuatro meses. Hace cuatro meses estaba en San Fernando. Ocultando mis lágrimas, intentando no pensar. Hoy estoy a 750 km de nuestras casas, cerca de Valdivia... Ya no intento ocultarlas, surgen cada vez menos, pero quiero que desaparezcan, así como los pensamientos, los sueños, los recuerdos, los momentos, las cosas...
Pero no puedo hacer que desaparezcan para seguir viviendo. Creo que nunca me sentí más viva que en aquel instante en que era una pequeña exploradora, que descubría poco a poco cada nueva sensación. Aquellos momentos en los que el terror me invadía porque no podía soportar lo que ocurría, era como un salto al vacío, no era estar al borde del precipicio, era ir cayendo, cayendo, sin sentir un final, sin encontrar un punto fijo y firme. Un lugar, quería algo de lo cual asujetarme para no caer, para no derrumbarme.
Te amé como a nadie. "Te amé como nunca imaginé que podría hacerlo", porque ¿sabes? Siempre imaginé sentir algo así y ser capaz de describirlo. Pero no, me sigue siendo imposible, total y completamente imposible. Acaso amar no es ya un intento de descripción?, un intento de definirlo?
Y me costó, mucho... Tanto costó que al principió me sentí algo desgarrada, me sentí mutando constantemente, cambiando cada parte de mi, me desgarré de una manera en que no pude volver a ocultar las cosas, en que quería compartirte cada momento, cada instante porque pensaba, mas bien sentía, que podía comprenderme y hasta sentirme,
Quise entregarte cada parte, cada pequeño rincón, cada segundo, cada constelación, cada una de las cosas que me conforman. No sabía cómo hacerlo, pero quería estar contigo, abrirme y regalar cada pequeña, gran y profunda parte de mi. Desde una mirada, una respiración, un segundo, una tarjeta, una carta, una canción, un juego, un abrazo, una caricia, un regalo, un lugar... Todo lo que pudiera, porque no sabía cómo hacerlo, no sabía qué hacer, cómo expresarme, cómo decírtelo, cómo demostrárselo... Como compartirlo.
Te amé y sentí mi fragilidad como nunca, te amé con temor, con terror a caer, porque supe que podía ocurrir, porque quise seguir, seguir y seguir... Hasta ver a donde llegaba, hasta que confié total y completamente en ti, tanto que cada vez era mayor mi fragilidad. Tanto que me hice vulnerable a tal punto que con sólo tocarme, con sólo una caricia con una mala intención podría desmoronarme.
Pero todo crecía, todas la miradas, todos los abrazos eran más profundos. Más sinceros. Más hermoso. Maravilloso. Deslumbrante. Hasta que sucedió, ya no aguantó más, qué, quiénes, cuáles, no lo sé. Y me sigo gritando aquí adentro, preguntando y cuestionando.
Una vez me agradeciste por estar contigo, por seguir intentando lo y no rendirme... Y me preguntaba si lo había hecho, si llegué al punto de rendirme y retirarme, pero no, cariño, no me rendí, tú me hiciste fuera y no pude evitarlo. Y ahora olvidas todo, me pregunto qué recuerdos conservarás que vuelves así, sin más. Que vuelves a saludar como si nada, que vuelves a intentar abrazarme, que buscas mi mirada.
Un día creí que era un amor tan sincero que no existía manera en que pudiera hacer daño. En que era tan puro que podría despreocuparme, porque así como yo quería cuidarte y acompañarte, tú lo querías para mi.
Y no. No volveré, porque me quieres cambiar, no puedo ser de otra manera después de todo. Supongo que me encontré con lo que me hacía feliz de ser, y sabes? Si no me entrego completa nunca seré quién descubrí ser... A tu lado.
Son las 18:01 y debo volver a respirar. Limpiar las lágrimas. Salir con mi familia. Caminar y volver a sentir, de a poco.






