Puedes intentarlo...

Puedes borrar todas las palabras.
Puedes intentar que me haga daño tu indiferencia.
Puedes aparecer y desaparecer cuando quieras.
Pero no podrás hacer que olvide tu mirada, tu sonrisa, ni tus caricias.

Ps.: Ándate a la cresta.

__________________________________________________________________
Y en el fondo grito, otra vez más: ¿por qué?
Puedo entender que quieras arrancarme de tu vida, puedo entender que borres mis comentarios, que borres tus fotos, que intentes quedar sin rastro. Pero ¿por qué me lo haces a mi? Mas aún cuando te confieso lo importante que es para mi... Y aunque quieras, no se ha salido aún de mi memoria. Por ahora. En realidad, ya no sé cuánto más aguante.

– Enséñame
– Eres un sol
– Iluminándote
¿Cuánta piel nos faltó por conocer? ¿Cuántos lunares pasaron desapercibidos?

Sé que no me necesitas, nunca habrán excusas para hablarnos, solo me gustaría que consideraras que si un día quieres verme, dímelo; si un día quieres saber qué opino respecto a algo, dímelo; si un día quieres un abrazo mío, dímelo; si un día, solo quieres que yo te acompañe sin decir nada, dímelo; si un día solo quieres cualquier extraña petición o cosa y piensas en mí, si yo puedo estar ahí, lo estaré. Solo dímelo. 

Mirar(nos)

Me pregunto, todo el tiempo, me cuestiono. Todo. Una, otra y otra vez. Aunque no debería. El maldito deber ser. No es que quiera encontrar una forma mejor de deber ser. No quiero deber ser. Solo busco una explicación. Por qué. Cómo. Qué hice mal. Cómo es que te dañé para que reacciones así. Desconozco tu voz. Tú dulce voz. Se hace un eco, se aleja y me deja. Tan... tan angustiantemente me deja. No es que quiera ser otra, es solo que, quiero saber cómo te dañé para así al menos poder hacer algo. Solo sigo en esta frustrante impaciencia. 
____________________


Hoy borré -finalmente- todo nuestro chat. Había dejado mensajes, había dejado tu voz ahí. Había dejado... y me cuestiono y me pregunto, y sigo dándole vueltas a nuestras palabras, y con ellas vienen los gestos, los tonos de voz, las miradas. Y es que no me hace sentido. Se han ido. Y vuelvo a preguntarme, por qué tengo tanto miedo de perderlos, de olvidar memorias, dejar de recordar nuestras conversaciones. Tus palabras. Quisiera ponerlas en una cajita a dónde siempre pueda recurrir para admirarlas. Pero ya no son, ya no están. Por qué. Y se hacen más fuertes los recuerdos de tus acciones, de tus caricias, de ti. De ti tomando firme y con ambas manos mi rostro, para mirarme fijamente y decirme: te quiero demasiado. De mi, sobre tu pecho, diciendo "este es un momento perfecto". De ti, mirándome llegar de lejos, sonriendo, ambos sonriendo, cuando ya no importaba nada alrededor. Todos desaparecían cuando nuestras miradas se encontraban en la distancia. De ti, caminando lentamente por el hall, sin querer irte, dando vuelta pausadamente, cuando supimos, en esa primera conversación, que vendría una infinidad de siguientes palabras, acciones, gestos, caricias y miradas. Sobretodo, de miradas. 

Extraño te extraño

Extraño es el extraño al que hoy conozco.
Extraño a quien conocí.
Extraño lo que fuimos extraño lo que compartimos extraño vivir. Vi vir (te). Vi vir (nos).
Te extraño a ti. Extraño al mí que en un nosotros se cobijaba.
Extraño es extrañarte cuando a todas horas estabas. Es ta ba (mos). Fui (mos).
Extraño es no tener tus manos aquí extraño es no poder escribirte que te extraño cuando es lo único que hago todo el día extraño tus caricias extraño es decir te extraño cuando puede significar que te echo de menos o que te convertiste en un otro que desconozco ajeno a mí ajeno al nosotros extraño atragantarme con los te quiero con los me gustas con los me encantas y con nuestros últimos te amos en vez de esta melancólica, agria e insípida falta de puntos y comas en los que solo un te extraño tienen cabida en vez de atragantarme de alegría al ver el conjunto de tus ojos y tu risa.
Extraño es entrañar a quien no puede mí boca susurrar un adiós, extraño es no poder despedirme porque solo añoro volver a sonreírte cuando en tus ojos vea aunque sea un pequeño atisbo de luz.
Me quedo en el pasado. No sé avanzar cuando nuestros planes no se cumplieron. Pienso en lo que estaríamos haciendo ahora. Pienso en las cosas que habías propuesto para este tiempo.
Me quedo en el pasado de tu voz. Me quedo en el pasado de tus frases. Me quedo en el pasado de cada palabra. Me quedo en el pasado de las fechas –que podrían ser nuestras futuras celebraciones–. Me quedo en el pasado de tus caricias, en el pasado de tus labios, en el pasado de tus manos. Me quedo en el pasado de tu risa, de esa espontánea que nacía de vez en cuando. Esa que te elevaba a otra dimensión, cuando cerrabas tus ojos y solo disfrutabas de ella, cuando dejabas de pensar –por un momento– en lo que se vería, en lo que mostrarías.
Me quedo en el pasado de tus promesas, me quedo en el pasado de tus cuidados, me quedo en el pasado de nuestra historia... me quedo en el pasado.

Cronología

Nos gustamos.
Me quisiste.
Te quise.
Me amaste.
... Te amé.
Terminó.
...Te amo...
Y si todos los 29 y los 30 los reserváramos como días felices?
Y si todos los 30 -aunque sea solo un instante-, cerrará mis ojos y sintiera nuevamente tus labios?
Y si todos los 29 imaginara tu respiración acariciándome -reitero, aunque sea sólo por un instante-?
Algún día dejaré de recordar los 29 y los 30, algún día que parece no aproximarse.
Hasta entonces, al menos por mi parte, quiero sonreír aunque sea solo un instante, un 29 o un 30 al recordarte.

La primera caricia

La tomas. La acaricias. Juegas. Y no te das cuenta. No ves dentro de sus ojos. Las lágrimas, apunto de aparecer. El pecho, apunto de explotar. La respiración, apunto de cortarse. Quiere contestar, seguir, adelante. Luego le hablas, desde lo más profundo, rompiendo las barreras, mostrándote frágil, vulnerable, sincero. Y la miras a los ojos, de vez en cuando, con los ojos llenos de brillo, con la mirada complice que algún día conoció. Y necesita, lo quiere, lo hace... Apoyar, con la piel. Sostener, con este cuerpo que impide ir más allá.
Y vienen los recuerdos: constantes, impredecibles, melancólicos. La primera vez que tomé tu mano fue cuando revelaste una verdad, cuando te mostraste al descubierto, ante mi, ante ella. No tienes recuerdos de infancia, el primero es frente a un cuerpo frío, apagado, sobre una mesa. Con tu madre, con tu padre, desconsolados. ¿Cómo irme después de aquello? Apretaste mi mano, fuerte y me pediste que me quedara. Y lo hice, hasta que te desnudaste tanto que temiste seguir, me arrebataste tus manos, tu pecho, tu corazón, tus caricias, tus lágrimas, tus verdades, tu respiración.
Te brindé mi mano, con miedo. Te mostré más que a nadie. Te amé más de lo que podría pensar que soportaría. Y aún sigue aquí este nudo, este pecho apretado, sollozando.
Me dejaste.
Te amé. Te amo.
Aún duele, no sé si imaginas cuánto.
A veces río de verdad, otras veces lo intento para que mi cuerpo se acostumbre nuevamente a ser como era antes. 
Y tengo miedo, de conocer, de compartir.
Miedo de ser.
Ser como lo fui contigo.




Poco a poco, vuelvo a ser.
Borrar, dejar atrás. 
No es que estas sonrisas sean falsas. Tampoco las ganas de leer algo nuevo. De conocer algo nuevo. 
Pero, a veces veo en los ojos de alguien más un granito de lo que tus ojos me decían y, quizás por ello me cueste tanto mirar directamente, a quien le gustaría leerme a mí.
Aún tengo miedo... ¿sabes? No sé si sea capaz de volver a sentirlo con la misma intensidad, pero al menos lo intentaré.
Y tengo aún más miedo de que la próxima vez que te encuentre nuestra conversación se alargue aún más... quisiera decirte que lo siento. Perdoname. Perdonemonos desde adentro. Sanemos. Me da terror volver a sentirte, a que un abrazo pueda derrumbarme, a que me comprendas, como alguna vez casi lo hiciste. 
No he vuelto a tocar a alguien, me da miedo dañarlo. Mis abrazos se volvieron fríos y resistentes. Torpes y sin ternura. Superficiales. Y es que... ¿cómo puedo sentir la conexión si se rompió algo desde adentro? 
Aún tengo miedo. Pero poco a poco lo estoy haciendo a un lado. 

Lo siento. Perdón. Gracias. Te Amo. 
Bajan las tinieblas.
Se oscurece. Una a una se apaga cada luz.
Y quedo, acá anclada en una enormidad de silencio y destierro.
Sumida en las sensaciones, busco el recuerdo de tu cuerpo.
Si de buscar se trata, no hay ni que decir; que apareces aquí.
Cada instante, cada caricia, cada respiración.
Cada emoción, cada asombro, cada canción.

Y si necesito ir a un café para despedirte.
Y si necesito una relectura para encontrarte.
Apareces a cada instante…
Porque la canción suena en todas partes.
Porque tus letras están escritas en cada rincón.
Y si te necesito para sentirme viva.
Por doloroso que sea… apareces a cada instante…

Y, en la atmósfera (re)suena


Tan-solo-si

Si husmearas. Si te metieras. Si te impregnaras. Si me quisieras.
Si lo encontraras. Si lo leyeras. Si lo vieras.
Si lo sintieras…

Tan sólo… Si lo sintieras…

Escribir - Chantal Maillard

Para Nosotras...


escribir  

para curar  
en la carne abierta  
en el dolor de todos  
en esa muerte que mana 
en mí y es la de todos 

escribir 

para ahuyentar la angustia que describe 
sus círculos de cóndor 
sobre la presa 

aunque en el alma no 

en el alma 
la estimación del tiempo que concluye 
y es arriba 
algo más que un silencio 
con ojos semiabiertos 

escribir 

como condescendencia y como rebeldía
sin elección
sin pausa
porque se va la luz, las fuerzas
se le acaban
y el ser se va de vuelo
en las garras de un ave
carroñera

escribir

para decir el grito
para arrancarlo
para convertirlo
para transformarlo
para desmenuzarlo
para eliminarlo
escribir el dolor
para proyectarlo
para actuar sobre él con la palabra

escribir

para descansar
(escribir que el sol, en invierno, es hermoso)

por no llorar tan dentro
tan a escondidas

escribir

hacia la extenuación
para que se derrame el dolor contenido
desde el inicio del mundo

escribir
para rebelarse
sin provecho

a pesar de la derrota ya prevista

porque no hay rebeldía que no esté justificada
ni violencia que no sea, en el fondo,
inocente,
escribir

con derecho al llanto

escribir para curar
escribir para guarecerse
escribir como si cerrase los ojos
para no cerrarlos
para mover la mano y seguir su curso
para sentirse viva
AÚN
para aplazar la angustia
como simulación
para guiar la mente y que no se desboque
para controlar lo controlable

escribir

como quien deja la luz encendida
y duerme de pie sobre sí mismo
para saldar las cuentas con el miedo

escribir
para reorganizar

escribir
sin hacer concesiones

escribir
como quien des-espera
para cauterizar
para tomarle las medidas al miedo
para conjurar
para morder de nuevo el anzuelo de la vida
para no claudicar

escribir
para apuntar al blanco

escribir
con palabras pequeñas
palabras cotidianas
palabras muy concretas
palabrasojo
palabras animales
palabrasbocadegato
ásperas por dentro y por fuera
suaves como “tal vez”
palabraslatigazo
como “demasiado” y “tarde”

escribir
para no mentir
para dejar de mentir
con palabras abstractas
para poder decir tan sólo lo que cuenta

decir que a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada
y la sábana verde se desdobla
en el espejo del armario
estoy en mí
en el lugar en que acostumbro
a encontrarme
en este aquí hecho de extraña
duración en lo mismo
repitiéndome
la carne dolorida
los huesos lastimados
los nervios, la piel
tirante, amoratada
el pelo encanecido
el grito sólo postergado
y hoy a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada

muere un niño
o dos o no sé cuántos
mueren y una anciana dice
sus últimas palabras
o no las dice y muere
y es otra la que habla
pero no habla, dice
apenas dice y muere
sin decir
apenas
nada
y algo se me atraganta
tal vez un alarido
largo como las once horas de esta noche
o tal vez la conciencia
que duerme encendida
como una lumbre la conciencia
de todos los que mueren
como una fogata
un espantoso incendio
que prende en las ventanas
de la ciudad y en el mar no se apaga
una conciencia absurda
una antorchahorizonte
la conciencia de todos los que saben
que se están acabando
en sus huesos de antorcha
hoy, mañana, siempre

escribir
todas las muertes son mi muerte
mi grito es el de todos
y no hay consentimiento
escribir

¿para consentir?
¡escribir para rebelarse!
no hay lugar para plegarias
no hay lugar para el sosiego
el ajuste de las almas
se hace en rebeldía

Estamos solas
y nos pertenecemos.
En nosotras está el poder
Somos un pueblo de almas
en rebeldía
¡Despertad!
Lo que escribo aquí
se traza en el aire
el dolor es la senda
el dolor es el medio
por el dolor la fuerza
que combate el dolor
y lo transforma
por el dolor deshago
mi dolor en lo ajeno
y el ajeno en el mío

escribir

para des-esperar
por todos los que están
por todos
los que fueron
los desaparecidos
escribir para cuidar
sus des
apariciones
para alimentarlas
para que no se enturbien
no tan pronto
no tan siempre
pronto

escribir

para desestructurar
para vencer
las estructuras
para contra
decir
lo dicho
para demoler

escribir

para desestimar
para aprender la delgadez del trazo
su vacío
habituarse a él
a su insignificancia

escribir
para insignificar

escribir

inútilmente
para ejercer lo inútil
para abrazar lo inútil
para hacer de la inutilidad un manantial

escritura como sortilegio

- volé esta madrugada
más alto que ninguna otra vez

Cada noche, en la duración de un grito
viene una sombra nueva

Cada noche, en la duración de un grito,
un alma acude a mí.
La acojo.
En el grito.
Ella no dura. Sólo se abre.
Y hay que entrar. Suavizar.
No hay que recordar.
Tan sólo entrar.
Respirando. – 

escribir luego
para reforzar
los frágiles puentes
los conductos sutiles
con temor
de que se borren
en el espacio leve
entre lo presentido y lo sentido

Escribir
para desescribir
para desdecir
para reorganizar
las consciencias y
que cada una cumpla
su ceguera
El espacio de las almas
ha de guardarse oculto
En la palabra está el engaño

escribir pues
para confundir
para emborronar
y, luego, volver a escribir
en el orden que conviene
el mundo que hemos aprendido

escribir

como quien cuenta los pasos que da
por no oír el silencio
como quien cuenta pasos – uno, dos -
y se salta el tercero -cuatro, cinco-
para ver si se ha ido
para comprobar
pero no: sigue estando
y ya no dejará de andar
para contar los pasos
hasta caer exhausto
en el silencio enorme que se ensancha
entre sus piernas como un charco
de sangre

escribir

porque el héroe se hace con el miedo
sobre todo su miedo
a partir de su miedo
se hace héroe el héroe
ahuecando el miedo
y llenándolo de acción
para entumecerlo
haciendo tiempo en lo hermoso
haciendo tiempo en lo vivo

yo no soy ningún héroe
yo sólo escribo
para colmar la distancia
entre mi miedo y yo

escribir
“Se pone un abrigo de cuero.”
escribir
“Un hombre joven se levanta del asiento.
Se pone un abrigo de cuero.
Lleva gafas oscuras.
Se vuelve.
Su espalda es ancha.
Se dirige a la puerta.
No sé qué hará mañana.
No le conozco.
Ha cruzado la vía.
El cristal me devuelve mis ojos
y esa tristeza que se mide en mis labios.
El hombre joven tal vez camina hacia una casa.
Tal vez sea su casa.”

escribir
“En mi rostro el paisaje
- atravesándolo -
el paisaje.”

escribir
“Tiene las uñas recortadas.”
escribir
“Se desprende, muy lenta, de una frase,
la desliza en el cuaderno y espera.
Tiene las uñas recortadas
y una blusa de encaje.
Lleva una bolsa de color violeta
en las rodillas.
Cuando respira hace juego
con los versos de Sylvia Plath.
Hay un desfiladero en su mirada
y no termina de cruzarlo.”

escribir
para confundir las palabras
y que las cosas aparezcan

(Campos de limoneros cargados con sus frutos. Y cañizales
separando sembrados. Y vinagreras cubriendo de oro las taludes… )

que las cosas presionen
que un mundo se abra paso
(Es invierno, y ya crecen el trigo y la alfalfa. Aún hay campos entre ciudades y hermosos pueblos y una anciana se sienta 
en un portal con un rayo de sol en su regazo.
La tierra arada humea bajo el sol y los olivos jóvenes tensan sus cuerpos retorcidos hacia el cielo. Creciendo. Crecer es 
ascender.
Crecer es ensancharse.
Crecer es romper límites.
Crecer es invadir… )

que estallen los cristales de mis manos
que abran ojos en las letras

(Hileras de olivos.
Sus sombras paralelas… )

escribir
para rastrear

escribir

para perdonar
para ser perdonado

¿Dónde hallaré al sacerdote,
al mediador, aquel que tenga
conocimiento de los límites
y el poder de traspasarlos?
¿dónde hallaré a aquel
capaz de arder sin consumirse
y, entre los muertos y los vivos,
ecualizar
transformar, ¡bendecir!?

escribir

para hallar la paz
después de haber hablado
con los muertos

escribir

para sellar la paz
para conciliar
en mí
para perdonar en mí

escribir

la culpa misma que golpea y se licúa
en el pecho
y surte y es agua que mana
con fuerza y que nos une
agua que forma
remolino de amor irradiando

todas las culpas son
el mismo sufrimiento
el de existir queriendo
queriendo serlo todo
queriéndolo todo
y todo está en mis manos
en esta encrucijada donde permanecemos
el tiempo suficiente
para sufrirlo todo

en mi interior barrunto el gran estruendo:
todo el dolor del mundo me pesa entre los muslos

abrid los ojos: ¡ved!
es tan terrible vivir
¡quien sobrevive saluda!
morituri somos todos

toda la historia de tu estirpe
está presente y te reclama
como crisol
eres
la mediadora
operas
en ti misma el milagro
de la conciliación

y de repente soportas
el peso del mundo y su dolor
lo bebes todo entero.
Agradecida.

escribir

porque crujen las rodillas
y hay como un sueño
esperando ser soñado
justo detrás del dolor.

- Hoy observé las gaviotas.

He de volar muy alto esta noche.
He de volar sin lastre.
Hasta que amanezca.-

escribir
“otoño”
para recordar cómo
uníamos castañas con palillos de dientes
y surgían princesas y perros y dragones
y mi madre era hermosa
y ¿quién sabe? tal vez
fue feliz, también ella,
ese día.

escribir

para arquear el espinazo de las letras
a imagen del dolor
para trazar las líneas de la vida
líneas que se encogen
líneas retráctiles
como nervios apresados en la carne
como venas quebradizas
venenos infiltrados
en las arterias, líneas
que merodean en torno al corazón
calado por la angustia
y el cansancio
líneas como cables tendidos
entre una vida y otra menos vida
líneas ultracortas
líneas entrecortadas
líneas respiradero
líneas túnel
para desembocar
en el horizonte
recuperar allí
las fuerzas del principio pero
líneas quebradas
presionadas
oprimidas, líneas
de vuelta atrás
combadas sobre el tiempo
que queda
el tiempo que nos queda
termitero o volcán
vaciado por los seres (los insectos, la lava)
que operan desde dentro

líneas
de retroceso
¡si fuesen sólo al sueño!
pero no: más abajo.

escribir
como quien muerde un rayo
con los brazos en cruz

escribir
que sus pulmones se cerraron
como las alas de una
mariposa.
Dejó un rastro de polvo azul
en los dedos de quienes fueron
a tocarla

escribir
como aquel que se fuga de un hospital y arrastra tras de sí
las sondas, el goteo, la máscara de oxígeno y corre
sobre agujas envenedadas

¡Despertad!
¡nadie podrá evitarlo!
sólo es cuestión de tiempo
contad los gritos que dais
en el fondo del agua
¡Contad los gritos!

cada cual con su dolor a solas
el mismo dolor de todos

- Alguien disimula. Sonríe,
devuelvo la sonrisa. Sé
que para él ya oscureció.
También él lo sabe.
Pero se esfuerza. Todos
nos esforzamos.
Gritar es esforzarse.
Gritar es rebelarse. -

escribir
porque alguien olvidó gritar
y hay un espacio en blanco
ahora, que lo habita

escribir
porque es la forma más veloz
que tengo de moverme

escribir

¿y no hacer literatura?
¡y qué más da!

hay demasiado dolor
en el pozo de este cuerpo
para que me resulte importante
una cuestión de este tipo.
Escribo

para que el agua envenenada
pueda beberse.
Chantal Maillard
Escribir (en Matar a Platón. Tusquets)
El cuerpo en la historia del arte. Segundo semestre 2013
ARGUMENTO X:

Todo lo ajeno a mí propio ser es inanimado. Con mi propia capacidad creadora soy capaz de entregar(me) y dar vida a otro cuerpo. 
Rayen Cariman Fuenzalida, College en Artes y Humanidades

          Crear. Dar vida. Dar muerte. Elegir. Sentir. Sentir como nadie más. Vivir. Mirar. Contemplar. Transmutar. ¿Para qué? ¿Para comunicarme? ¿Por qué debería creer que los otros sienten? ¿Por qué proyectarme en algo que me es ajeno? ¿Por qué, si nunca sabré/viviré/pensaré lo que ellos pueden sentir?
          En la modernidad lo importante, según Perniola, es mi propio cuerpo, y aún más “importante es el cuerpo vivo, no el cadáver (…). El cuerpo muerto es por lo demás siempre el cuerpo del otro” (Perniola, M., 100). Por lo que inanimado pasa a serlo todo. Todo lo ajeno a mí. Soy yo y solo yo quien decido, voluntariamente, crear y creer que el otro siente. Yo doy vida, solo de una manera: entregando(me). 
          El crear y entregarme implica dejar algo de mí en ese objeto, en esa persona. De esta manera genero un cuarto cuerpo, esa construcción conceptual que solo se da cuando me proyecto en algo, que está fuera de mí, ya que “proviene de la insatisfacción respecto a los otros cuerpos” (Perniola, M., 104). 
Lygia Clark. El yo y el tú: série ropa-cuerpo-ropa. 1967
          Este problema es el que trabaja Lygia Clark, ella misma confesaba un sentimiento de vacío, mientras creaba sus obra Ropa-cuerpo-ropa: . (Ramirez, J., 167). Aun así, en sus trabajos logra mostrar la interacción entre los participantes, mediantes sus sentidos ellos se comunican, re-conociéndose. 
          Sin embargo se sigue en un camino de completa soledad; solo mí cuerpo, mis propios pensamientos y sentimientos quedan confinados dentro mío… sin poder compartirlos. En este punto es cuando se comprende que no son inanimados, solo fue mi falta de comprensión hacia el otro, mi falta de empatía, porque yo decido qué y quién tiene vida para mí. 

El cuerpo en relación con el otro...

Microhistoria. El cuerpo en la historia del arte. Segundo semestre 2013

“A solas con todo el mundo”
Charles Bukowski

La carne cubre el hueso
y dentro le ponen
un cerebro y
a veces un alma,
y las mujeres arrojan
jarrones contra las paredes
y los hombres beben
demasiado

y nadie encuentra al
otro

pero siguen
buscando
de cama
en cama.
la carne cubre
el hueso y la
carne busca
algo más que
carne.


Los Amantes, René Magritte, 1928, Óleo sobre lienzo, 54,2x73 cm.
no hay ninguna
posibilidad:
estamos todos atrapados
por un destino
singular.
nadie encuentra jamás
al otro.

los tugurios se llenan
los vertederos se llenan
los manicomios se llenan
los hospitales se llenan
las tumbas se llenan

nada más
se llena.




Verte aquí. Frente a frente. Bajando la mirada. Ignorando tu cuerpo. Intentando sacar tu respiración, tu sangre fluyendo. Verte ahora, tan lejos, tan distante, tan en otra parte. Verte aquí y no sentirte. ¿Podría afirmar que estás sin sentirte?... ¿Podría borrar el sentimiento y cambiarlo por la emoción del instante? Así como el mundo me regala un arrebol, un día con nubes y colores penetrantes que en un solo instante desaparecen, y comprendo que no están, porque es fluir, un fluir contante. ¿Acaso los cuerpos nos retienen? ¿Son nuestro pecado o salvación?
Mi mano roza mi otra mano… la rodea, la dibuja. Una recorre, la otra siente… sentir, vivir, pensar, analizar. ¿Dónde se funde el límite?, ¿cuál es un sentir puro, cuando mi mente maneja la otra?... Tu respiración roza mi cara… Roza, roza, roza, como el vapor que sale de una taza de té. ¿Cuándo se fue?, cuando volví a estar sola con mi taza imitando tu respiración…
Por mis venas, la sangre. Por mi nariz ingresa el aire que me nutre. Por mis oídos la música. Sonidos abismantes. A veces molestos, a veces tranquilizadores, a veces neutros… el aire frío, caliente, con olores. Agradables. Desagradables. Mis manos perciben la piel, los objetos, la materialidad. Mi cuerpo siente, se re-siente. Y mi mirada, se asienta en tus ojos, en tu mirar. Mi primer cuerpo “esa cosa tan mía y, sin embargo, tan misteriosamente, y a veces, y finalmente siempre, nuestra más temible antagonista, es la más instantánea, la más constante y la más variable que pueda existir” (Valery, P., 395). 
Somos cuerpo, no estamos en el cuerpo, un cuerpo finito que desea ser trascendido, que quiere comunicar, expresar. El cuerpo tiene los sentidos y se abre al mundo a través del ellos. ¡El mundo me toca y yo lo toco a él! Del sentir y del percibir descubro y me relaciono con el otro.
La mirada está perdida, el olor es difuso, ¿cómo lograr sentir la piel bajo esa capa de tela que cubre los rostros? Los Amantes de René Magritte han perdido su verdad, su conexión, sus sentidos, su corporalidad, su humanidad. Están juntos, en un beso que no siente, que se recubre, que se esconde. ¿Es el cuerpo lo que ocultamos o lo que nos da pudor va más allá, trascendiendo a la materialidad?
A través de la historia de las representaciones se ha ido viendo una tensión entre lo desnudo y lo vestido, una interacción entre la piel y la tela u otros objetos que la cubren, que la rodean. El cuerpo muestra la verdad y es la manera de conectarnos directamente con el otro, con los otros; sin embargo lo ocultamos, lo vestimos, lo cubrimos, para que no nos toquen, para que no nos vean, para que no sientan nuestra primera verdad. Esta tensión nos revela algo más: no queremos mostrarnos como somos y nos ponemos barreras. El cuerpo es la primera representación de nosotros mismos y tememos mostrarlo por completo, pero tampoco podemos hacerlo, no se puede mostrar todo, porque no nos conocemos, cada día hay algo nuevo, abismalmente desconocido. 
Puede que Bukowski tenga razón y nadie encuentre al otro, que buscamos algo más que carne, pero finalmente estamos solos, porque no queremos ni podemos mostrarnos por completo, puede que la representación de Magritte no sea tan ajena a la realidad y las relaciones tengan ese velo que protege nuestra individualidad, para no quebrarnos, para resistir. Según Le Breton el cuerpo cumple el factor de individualización en la civilización, pero aún así “el hombre sólo existe por su relación con el otro” (Le Breton, D., 18)
¿Si lo intentamos?

El artista está presente, Marina Abramovic, 2010, Performance 


Descubre tu cabeza de los velos, sácalos y muéstrate. Mira directo a los ojos, como lo hizo Marina Abramovic en su performance en el Moma el 2010, La artista está presente, está ahí, frente a ti, con toda su corporalidad. Durante 176 horas y 30 minutos, mientras la exposición estaba abierta, la artista estuvo sentada en una silla, en silencio mirando por unos minutos a los visitantes que se sentaban frente a ella. Su mirada, su sola presencia conmovía a muchos y los hacía partícipes de la obra de arte. Dentro de ellos apareció Ulay, su ex pareja, a quién no había visto en años. Sus ojos reaccionan y no pueden contener la emoción: el cuerpo habla, a través de la mirada, penetrante, sagrada. Es un rito, estar con el otro, mirarlo de frente y percibirlo. Encontrar la verdad de Platón en la que “se considera a todo el proceso del conocimiento como un quitar velos al objeto, un despojarlo enteramente, iluminándolo en todas sus partes. Por ello se concibe al cuerpo mismo como un obstáculo, como una tumba del alma, la cual sólo cuando está desnuda (…) adquiere una completa libertad” (Perniola, M., 237), una libertar para formar lazos con el otro.

Y si te quiero abierto” – Chantal Maillard
Y si te quiero abierto
como el centro imposible de un mundo transparente,
si te quiero imposible, más allá de mis brazos
o la aurora que extiende un sueño en las tinieblas,
más abierto que el viento, más leve y más amante,
será porque mañana nos quisiera infinitos,
unidos como nieve a punto de ser agua.

Y puede que una mirada no baste, que queramos ir más adentro, más profundo, desvelando aún más el cuerpo; como dice Chantal Maillard: Y si te quiero abierto… Ingresar al tercer cuerpo –según Paul Valery–, para penetrarlo, salirme, desgarrarlo, mostrarme, encontrarlo, exponerme, exhibirlo. Quedar/ser frágil y abierto, sincero y sin velos, buscando traspasar. Llegando a los límites, la carnalidad rompiéndose, cerca de la muerte, para ingresar a la vida. Como en la obra de Mario Irarrazaval, Autosacrificado, que nos muestra al hombre abierto, frágil, descubierto, con el pecho al exterior. Con su vulnerabilidad representada por el bronce.

Autosacrificado, Mario Irarrazaval, 1990,  Escultura en bronce. 


No es necesario llegar a límites tan abismales, para el encuentro con el otro, pero es cierto que el cuerpo nos define, porque es una primera verdad, es eso, es nuestra propia conexión con los otros, con el mundo, con el cosmos.


Manifiesto

Entregar.
Entregar(te).
Entregar(me).
Entregar(nos).
Entregar.
Entregar lo más profundo del alma.
Entregar.
Entregar aun cuando las palabras pierdan el sentido.
Entregar(me) a ti, a los otros.
Entregar.
Entregar porque le da el sentido al sin sentido.
Entregar mi mundo, mi visión, mi ser.
Entregar.
Entregar(te) todo lo mío.
Entregar por medio del papel.
Entregar por mi cuerpo.
Entregar por los sentidos.
Entregar.
Entregar como la flor regala su polen.
Entregar como el agua da vida.
Entregar como una madre a su hijo.
Entregar.
Entregar(me) por las manos.
Entregar(me) por los ojos.
Entregar(te) mi creación.
Entregar.
Entregar(te) mi mundo.
Entregar(te) mis recuerdos.
Entregar(te) mi interioridad.
Entregar(te) mi verdad.
Entregar.
Entregar la curiosidad.
Entregar el misterio.
Entregar la inminencia.
Entregar la subjetividad.
Entregar.
Entregar(te) una palabra.
Entregar(te) una frase verdadera.
Entregar(te) una promesa que perdure.
Entregar.
Entregar siempre.
Entregar.
Entregar aunque los otros no lo hagan.
Entregar aunque me hayan dañado.
Entregar aun cuando no me entreguen.
Entregar aunque otros engañen.
Entregar.
Entregar porque sí.
Entregar.
Entregar mi corazón.
Entregar mi kokoro.
Entregar mis pensamientos.
Entregar mis emociones.
Entregar
Entregar todo.
Entregar
Entregar(te) una sonrisa.
Entregar(te) una mirada.
Entregar(te) una caricia.
Entregar(te) una palabra.
Entregar(te) un instante.
Entregar.
Entregar(nos) la vida.
Entregar(nos) una eternidad.
Entregar(nos) un infinito que trasciende el instante.
Entregar.
Entregar(me) totalmente.
Entregar(me) por completo.
Entregar hasta quedar desnuda.
Entregar hasta ser frágil y cristalina.
Entregar aunque me puedan destruir.
Entregar.
Entregar aun cuando se vuelva repetido.
Entregar aun… cuando la monotonía te hizo dejar de leer entregar.


Rayen

Adiós

Suspiraban lo mismo los dos...
Y hoy son parte de una lluvia lejos
No te confundas no sirve el rencor
Soy espasmos después del adiós
Pones canciones tristes, para sentirte mejor
Tu esencia es más visible
Del mismo dolor
Vendrá un nuevo amanecer
Tal vez colmaban la necesidad
Pero hay vacíos que no pueden llenar
No conocían la profundidad
Hasta que un día no dio para más
Quedabas esperando
Ecos que no volverán
Flotando entre flechazos
Del mismo dolor vendrá un nuevo amanecer
Separarse de la especie
Por algo superior
No es soberbia, es amor
No es soberbia es amor
Poder decir adiós... es crecer

Cerati
19 de diciembre de 2013. 17:34.

Cuatro meses. Hace cuatro meses estaba en San Fernando. Ocultando mis lágrimas, intentando no pensar. Hoy estoy a 750 km de nuestras casas, cerca de Valdivia... Ya no intento ocultarlas, surgen cada vez menos, pero quiero que desaparezcan, así como los pensamientos, los sueños, los recuerdos, los momentos, las cosas...
Pero no puedo hacer que desaparezcan para seguir viviendo. Creo que nunca me sentí más viva que en aquel instante en que era una pequeña exploradora, que descubría poco a poco cada nueva sensación. Aquellos momentos en los que el terror me invadía porque no podía soportar lo que ocurría, era como un salto al vacío, no era estar al borde del precipicio, era ir cayendo, cayendo, sin sentir un final, sin encontrar un punto fijo y firme. Un lugar, quería algo de lo cual asujetarme para no caer, para no derrumbarme.
Te amé como a nadie. "Te amé como nunca imaginé que podría hacerlo", porque ¿sabes? Siempre imaginé sentir algo así y ser capaz de describirlo. Pero no, me sigue siendo imposible, total y completamente imposible. Acaso amar no es ya un intento de descripción?, un intento de definirlo?
Y me costó, mucho... Tanto costó que al principió me sentí algo desgarrada, me sentí mutando constantemente, cambiando cada parte de mi, me desgarré de una manera en que no pude volver a ocultar las cosas, en que quería compartirte cada momento, cada instante porque pensaba, mas bien sentía, que podía comprenderme y hasta sentirme,
Quise entregarte cada parte, cada pequeño rincón, cada segundo, cada constelación, cada una de las cosas que me conforman. No sabía cómo hacerlo, pero quería estar contigo, abrirme y regalar cada pequeña, gran y profunda parte de mi. Desde una mirada, una respiración, un segundo, una tarjeta, una carta, una canción, un juego, un abrazo, una caricia, un regalo, un lugar... Todo lo que pudiera, porque no sabía cómo hacerlo, no sabía qué hacer, cómo expresarme, cómo decírtelo, cómo demostrárselo... Como compartirlo.
Te amé y sentí mi fragilidad como nunca, te amé con temor, con terror a caer, porque supe que podía ocurrir, porque quise seguir, seguir y seguir... Hasta ver a donde llegaba, hasta que confié total y completamente en ti, tanto que cada vez era mayor mi fragilidad. Tanto que me hice vulnerable a tal punto que con sólo tocarme, con sólo una caricia con una mala intención podría desmoronarme.
Pero todo crecía, todas la miradas, todos los abrazos eran más profundos. Más sinceros. Más hermoso. Maravilloso. Deslumbrante. Hasta que sucedió, ya no aguantó más, qué, quiénes, cuáles, no lo sé. Y me sigo gritando aquí adentro, preguntando y cuestionando.
Una vez me agradeciste por estar contigo, por seguir intentando lo y no rendirme... Y me preguntaba si lo había hecho, si llegué al punto de rendirme y retirarme, pero no, cariño, no me rendí, tú me hiciste fuera y no pude evitarlo. Y ahora olvidas todo, me pregunto qué recuerdos conservarás que vuelves así, sin más. Que vuelves a saludar como si nada, que vuelves a intentar abrazarme, que buscas mi mirada.
Un día creí que era un amor tan sincero que no existía manera en que pudiera hacer daño. En que era tan puro que podría despreocuparme, porque así como yo quería cuidarte y acompañarte, tú lo querías para mi.
Y no. No volveré, porque me quieres cambiar, no puedo ser de otra manera después de todo. Supongo que me encontré con lo que me hacía feliz de ser, y sabes? Si no me entrego completa nunca seré quién descubrí ser... A tu lado.
Son las 18:01 y debo volver a respirar. Limpiar las lágrimas. Salir con mi familia. Caminar y volver a sentir, de a poco.

Sin ritmo… mi corazón late
Sin fuerzas, busco recuerdos
Sin sonrisas, recorro imágenes
Sin fechas, buscos lugares
Sin pronunciar, busco decirte todo
Sin mirar, no puedo encontrarte
Sin tocar, dejo de sentir
La inseguridad
El miedo
Lo agrio
El dolor

Y me pregunto, constantemente
¿por qué es más fácil escribir cuando voy contra mí?
¿Cuando la risa sabe mal? ¿cuándo tus ojos dejaron de brillar?